Convivir con éxito con la falta de trabajadores

Falta de personal

Fecha

La foto la tomé hace apenas unos días, concretamente el 29 de mayo de 2026.

En el cristal de la puerta podía leerse un cartel sencillo, escrito a mano:

“Cerrado provisionalmente por falta de personal”.

Reconozco que, por deformación profesional, suelo fijarme especialmente en empresas alimentarias. Pero, por desgracia, esto ya no ocurre solo en el sector alimentario. Lo vemos en hostelería, comercio, transporte, construcción, industria, reformas, agricultura, ganadería..

En este caso se trata de una panadería-pastelería que perfectamente podría formar parte de un modelo muy habitual hoy: una fábrica  central de producción y varios puntos de venta que cuentan con actividad de hostelería y pequeños obradores anexos.

En otras palabras: un negocio bastante más complejo de gestionar de lo que parece desde fuera.

Hay un detalle especialmente llamativo.

El local está situado en A Coruña, concretamente en uno de los barrios con mayor densidad de población de Galicia. Es decir, no hablamos de un negocio situado en una zona rural aislada donde el desplazamiento o la falta de vivienda puedan explicar por sí solos la ausencia de trabajadores.

La falta de personal se ha convertido en una realidad.

Y, personalmente, creo que no apareció de la noche a la mañana ni puede explicarse por una única causa concreta. Más bien parece el resultado de muchas pequeñas cosas que se fueron acumulando lentamente durante años en España.

Por un lado, tenemos un sistema público de empleo que lleva tiempo siendo cuestionado por su poca eficacia para conectar realmente personas y empresas. Incluso organismos como la OCDE o FEDEA llevan años señalando problemas estructurales en las políticas activas de empleo.

Por otro, existe un sistema sanitario tremendamente tensionado. La propia AIReF y distintos organismos han alertado recientemente del aumento de las bajas laborales, de la duración cada vez mayor de muchas incapacidades temporales y de cómo las listas de espera o los retrasos diagnósticos terminan afectando también al mercado laboral.

Y, además de todo eso, existe una realidad bastante extendida en España ( al menos yo lo observo): durante años se ha deteriorado mucho la imagen del empresario aunque tampoco voy a negar, siendo sincera, que aún existen empresas donde pocas personas querrían trabajar.

El resultado es el que vemos.

Empresas que necesitan personal y no lo encuentran.

Ante esta situación, muchas compañías recurren rápidamente a la solución más evidente:

“Si pago más, atraeré trabajadores”.

Y aunque el salario importa —por supuesto que importa—, personalmente creo que convertirlo en la única estrategia suele ser un error.

Entre otras cosas porque quien llega únicamente por salario probablemente también se marchará únicamente por salario.

En mi experiencia, existen medidas al alcance de la empresa bastante poderosas para convivir con esta nueva realidad. Por no decir que en el futuro serán un básico.

Entre esas medidas, la primera, y probablemente la más inmediata, es apostar seriamente por la eficiencia operativa.

Dicho de forma sencilla: conseguir hacer el mismo trabajo con menos personas y sin desgaste.

Esto es algo que he visto repetidamente en mis proyectos de reorganización industrial y mejora operativa. Empresas donde, tras ordenar procesos, eliminar ineficiencias y mejorar la organización del trabajo, el empresario descubrió que necesitaba menos personal del que creía para funcionar correctamente.

La segunda medida quizá sea más lenta, pero probablemente más estratégica: construir una empresa donde la gente realmente quiera trabajar.

Y esto tiene mucho que ver con que las personas sepan qué tienen que hacer, se trabaje en un entorno razonablemente organizado y sientan que forman parte de algo donde merece la pena quedarse.

También he vivido esta realidad en empresas donde he intervenido. Empresas alimentarias donde los trabajadores estaban comprometidos, donde el ambiente era bueno y donde la rotación era muy inferior a la habitual del sector. En mis entrevistas con los trabajadores me confesaban que lo que les retenía no era únicamente el salario.

El empresario individualmente puede hacer poco frente a un sistema nacional de empleo que no funciona como debería o frente a un sistema sanitario claramente saturado.

Pero sí puede actuar dentro de su propia empresa.

Quizá no compartas mi opinión sobre las causas de esta situación. Quizá algunas de mis reflexiones sean discutibles. Y sinceramente, para parte de la población incluso será políticamente incorrecto el hecho de mencionarlas

Pero lo que parece difícil de negar es que la escasez de trabajadores ya forma parte de la realidad empresarial española.

Y probablemente, en los próximos años, muchas diferencias entre empresas no vendrán solo de quién vende más o tiene mejor producto.

Vendrán de quién sea capaz de construir organizaciones más eficientes, más ordenadas y más humanas en un entorno donde cada vez costará más encontrar y mantener personas comprometidas.

Y, sinceramente, después de muchos años entrando desde dentro en empresas alimentarias, cada vez tengo más claro que ahí es donde suele estar la verdadera diferencia.

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