De empresario hostelero a casero

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El cambio en el modelo de gestión empresarial ya empieza a notarse.

Tímidamente, quizá. El caso que traigo hoy afecta a la hostelería.

Mañana podrá afectar a la industria alimentaria y a otros sectores si no cambia algo.

¿Quién le iba a decir hace unos años a un empresario hostelero de un pueblo gallego que, además de gestionar compras, cocina, clientes, turnos, proveedores, reservas y márgenes, también tendría que ocuparse de buscar alojamiento para su equipo?

No hablo de las campañas agrícolas de toda la vida donde era habitual contratar jornaleros y ofrecerles alojamiento durante la temporada.

Tampoco hablo de las zonas turísticas más tensionadas donde encontrar vivienda en verano es casi tan difícil como encontrar mesa en un restaurante un sábado de agosto.

Hablo de Galicia.

De un pueblo costero que ni siquiera está en las Rías Baixas, esa zona que suele concentrar buena parte del turismo gallego porque ofrece un verano algo más previsible que el norte.

Hace apenas unas semanas hablaba con un hostelero que buscaba alojamiento para ocho personas que van a trabajar en sus cocinas durante los meses de verano.

Algunas de las personas contratadas venían de Latinoamérica.

Otras vivían a unos 30 kilómetros.

Este empresario entendió algo importante: si quería contar con equipo en verano, no bastaba con publicar una oferta de empleo y esperar.

Tenía que cambiar su manera de organizar el negocio.

Tuvo que mirar más allá de la cocina, de la carta y de los pedidos.

Tuvo que entender qué necesitaban las personas para poder trabajar allí.

Y tuvo que asumir que parte de su papel como empresario ya no consistía solo en contratar, sino en crear las condiciones necesarias para que el trabajo fuera posible.

Ese es el cambio de fondo en la forma de gestionar el negocio y de ocuparse del equipo.

Y eso ya no es un pequeño ajuste.

Es un cambio profundo  en la manera de dirigir comparado con otros cambios orientados únicamente a recortar costes.

Cuando recortas costes, consigues un resultado lineal. Si ahorro 6.000 euros al año en luz, ahorraré más o menos esa cantidad este año, el siguiente y el siguiente.

En cambio, cuando una empresa cambia su forma de gestionar y apuesta por el bienestar de los trabajadores, el efecto puede ser mucho más duradero y multiplicador.

Buscar alojamiento a una persona que vive a 30 kilómetros no es solo resolver un problema logístico. Es reducir cansancio, evitar desplazamientos y facilitar su permanencia.

Buscar alojamiento a una persona que viene de muy lejos es facilitarle la vida al trabajador y, al mismo tiempo, asegurar una mayor estabilidad y rentabilidad para el negocio.

En definitiva, es cuidar una parte de la relación laboral que antes muchas empresas ni siquiera se planteaban.

Ante todos los cambios y desafíos que se presentan hoy para la pyme alimentaria y para la hostelería de gran volumen, solo hay dos opciones: quejarse o adaptarse.

Y adaptarse significa entender que la empresa ya no puede gestionarse como antes.

Que las personas importan.

Que la organización importa.

Que la planificación importa.

Que documentar procesos importa.

Que la forma de dirigir importa.

Que estar actualizado importa.

Que la cultura de empresa importa

Por experiencia, en empresas donde intervengo para Transformar la Empresa a través de Profesionalizar la forma de Gestionar y hacer que las cosas sucedan, no sólo incrementa el beneficio empresarial, incrementa la satisfacción de los trabajadores y por tanto el talento se queda en la empresa.

Si te llega el momento de pensar seriamente en la Profesionalización de la Gestión  de tu organización alimentaria buscando una Transformación real y no de papel, hablamos.

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