CONTRATOS DE COLABORACIÓN (MAQUILAS) EN EL SECTOR ALIMENTARIO

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Hay contratos que pueden redactarse con una estructura relativamente estándar: un pacto de socios, un acuerdo de confidencialidad o determinadas operaciones societarias, etc

Pero hay otros en los que eso no basta.
Especialmente en el sector alimentario en contratos para:
👉 Fabricar  la marca de un tercero.
👉 Subcontratar una etapa del proceso.
👉 Ofrecer el servicio de maquila.
👉 Comprar de forma recurrente una materia prima crítica a un proveedor

En estos casos no basta con definir quién presta el servicio, quién paga y qué ocurre si alguien incumple.

Hay que definir cómo van a trabajar juntas dos organizaciones.
En los contratos entre operadores alimentarios no solo existen riesgos económicos también hay riesgos de seguridad alimentaria:

Puede haber una contaminación, un incumplimiento de temperatura, un problema de trazabilidad, un error de etiquetado, una alerta sanitaria o una retirada de producto.

Por eso considero que este tipo de contratos deberían construirse combinando dos conocimientos.
Por una parte, el conocimiento jurídico, porque hay que definir obligaciones, responsabilidades, incumplimientos, indemnizaciones, confidencialidad, duración, terminación o resolución de conflictos.

Pero, por otra, hace falta conocimiento técnico y operativo del sector.
Alguien tiene que hacerse preguntas como:
·      ¿Qué información necesita una parte de la otra?
·      ¿Quién gestiona una retirada?
·      ¿Y qué ocurre con todos los costes derivados?
·      ¿Qué criterio define que el producto sea defectuoso?
·      ¿Quién asume la responsabilidad de las inspecciones sanitarias?
·      ¿Cómo se distribuyen los costes variables asociados a dicha producción?

En muchas ocasiones, el problema no es que las empresas quieran incumplir.
El problema es que cada una había entendido una cosa distinta.
Una pensaba que determinada responsabilidad correspondía al fabricante.
La otra consideraba que correspondía al propietario de la marca.
Una daba por supuesto que determinada materia prima podía sustituirse.
La otra entendía que cualquier cambio necesitaba autorización previa.

El objetivo de un buen contrato entre empresas alimentarias, por tanto, no debería ser únicamente decidir quién tiene razón cuando surge un conflicto.

Debería conseguir algo mucho más útil:
𝐪𝐮𝐞 𝐚𝐦𝐛𝐚𝐬 𝐞𝐦𝐩𝐫𝐞𝐬𝐚𝐬 𝐬𝐞𝐩𝐚𝐧 𝐞𝐱𝐚𝐜𝐭𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐜𝐨́𝐦𝐨 𝐯𝐚𝐧 𝐚 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐚𝐫 𝐣𝐮𝐧𝐭𝐚𝐬 𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐞𝐦𝐩𝐞𝐳𝐚𝐫.

Cuando dos empresas llegan a un acuerdo, normalmente lo hacen pensando que ambas van a ganar.
Un buen contrato no sustituye esa confianza.
La convierte en reglas claras.

He ayudado a redactar ese tipo de documentos y he vivido las consecuencias nefastas de contratos incompletos y laxos.

Si quieres tranquilidad a la hora de realizar una actividad y que se convierta en una actividad que genere beneficio en lugar de estrés y frustración hablamos.

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Esther Vazquez | Interim Manager Consultoría Alimentaria
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