Patti Smith, el punk y una lección empresarial que no esperaba encontrar

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Ayer, 23 de octubre, Patti Smith recibió el Premio Princesa de Asturias de las Artes.

A sus casi 80 años, la cantante, poeta y escritora estadounidense sigue siendo un referente cultural.

Conocida como la «madrina del punk», su imagen está estrechamente ligada al rock & roll, la rebeldía y la ruptura con lo establecido.

Una imagen que fácilmente podría llevarnos a imaginar una vida de excesos, fiestas y despreocupación.

Pero detrás de esa imagen hay una historia muy diferente.

A los 20 años tuvo una hija que entregó en adopción. A finales de los 70, cuando su carrera musical estaba en pleno auge, decidió retirarse de los escenarios para formar una familia.

Su marido, Fred Smith. Patti, murió con unos 45 años; ella quedó viuda, con dos hijos de 12 y 6 años y una situación económica muy complicada.

Un mes después falleció su hermano Todd, el manager de la banda y una de las personas en las que se apoyaba para reconstruir su vida. Años antes había perdido a uno de sus grandes amores y amigos.

Tuvo que regresar a los escenarios, no solo por vocación artística, sino también por necesidad económica.

Y hace relativamente poco descubrió que quien siempre había considerado su padre no era su padre biológico.

Una vida muy alejada de la que muchos podríamos imaginar.

Pero hay otra particularidad de Patti Smith  especialmente interesante.

Su éxito ha sido mucho mayor por su influencia artística que por sus ventas de discos.

Nunca alcanzó las cifras comerciales de otras grandes estrellas del rock. Sin embargo, revolucionó la forma de entender este género, incorporó la poesía a su música e influyó en bandas emblemáticas.

El reconocimiento recibido esta semana es una buena muestra de ello.

¿Y qué tiene todo esto que ver con el mundo empresarial?

La vida de Patti Smith refleja una realidad empresarial que he observado tras haber trabajado con múltiples y variadas empresas alimentarias.

Cuando vemos una gran compañía, con miles de empleados, cientos de millones de facturación y una marca reconocida internacionalmente, tendemos a dar por sentado que detrás existe una organización ejemplar.

De lo contrario, ¿cómo habría llegado tan lejos?

Sin embargo, el tamaño y la notoriedad no garantizan una buena gestión. Detrás de grandes cifras pueden esconderse ineficiencias, problemas organizativos, dificultades financieras o plantillas profundamente desmotivadas.

Y también sucede lo contrario.

Empresas medianas, apenas conocidas fuera de su entorno, pueden tener una excelente salud empresarial: buenos márgenes, EBITDA sólido, endeudamiento controlado, procesos eficientes, baja rotación y personas comprometidas.

Empresas que quizás nunca ocuparán grandes titulares, pero cuya gestión merece ser estudiada.

En mi trabajo con empresas alimentarias, me interesa precisamente mirar detrás de las cifras: cómo se toman las decisiones, cómo funciona la planta, dónde se pierde margen y cuánto depende la organización de personas clave.

 

¿Te has llegado alguna vez alguna decepción o sorpresa con una empresa tras conocerla un poco más?

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Esther Vazquez | Interim Manager Consultoría Alimentaria
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