Profesionalizar una empresa no significa llenarla de procedimientos, reuniones, indicadores o cargos.
Tampoco significa convertir una pyme en una gran corporación.
Significa algo mucho más práctico: conseguir que la empresa dependa menos de la improvisación, de la memoria de unas pocas personas y de estar constantemente “apagando fuegos”.
Profesionalizar supone revisar cómo se produce, cómo se decide, cómo se calculan los costes, cómo se comunican las prioridades y cómo se coordinan las distintas áreas.
Y eso exige algo importante: estar dispuesto a cuestionar formas de trabajar que quizá llevan años funcionando “más o menos bien”.
No es un proyecto cómodo ni superficial.
Implica ordenar, medir, corregir, definir responsabilidades y, en ocasiones, cambiar hábitos muy arraigados.
Pero el objetivo no es complicar la empresa.
Es justamente lo contrario: hacerla más clara, más controlable, más eficiente y menos dependiente del esfuerzo extraordinario de sus propietarios y directivos.
En el vídeo, Eugenio Oyarbide, CEO de Imos Catering, explica cómo vivieron precisamente ese proceso.

