Según el Reglamento 1169/2011 sobre información alimentaria al consumidor, el que solemos llamar «reglamento de etiquetado, la avena aparece incluida entre los cereales que contienen gluten.
Por eso, cuando un alimento envasado contiene avena, esta debe aparecer destacada en la lista de ingredientes.
La deducción lógica de cualquier consumidor sería:
Si la avena está entre los cereales que contienen gluten ( lo dice la legislación) entonces es que contiene gluten ¿ no?
La realidad es que la avena en estado natural es un cereal que NO CONTIENE GLUTEN.
Entonces ¿ cómo es que en un reglamento se incluye la avena dentro de los cereales que contiene gluten?
La respuesta está en la cadena alimentaria.
La avena frecuentemente puede contaminarse con trigo, cebada o centeno durante el cultivo, la cosecha, el transporte, el almacenamiento o el procesado
Por tanto, la avena comercial ordinaria puede acabar conteniendo gluten procedente de otros cereales.
¿𝐐𝐮𝐢𝐞́𝐧 𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐞 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐜𝐮𝐫𝐢𝐨𝐬𝐢𝐝𝐚𝐝?
Probablemente las personas celíacas, alérgicas al gluten o aquellas que tiene algún tipo de sensibilidad frente al gluten.
Saben que no toda la avena es igual y que, si quieren consumirla con seguridad, deben buscar productos específicamente identificados como «sin gluten».
¿𝐘 𝐚 𝐪𝐮𝐢𝐞́𝐧 𝐦𝐚́𝐬 𝐥𝐞 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐞𝐫𝐥𝐚?
A quienes trabajan en hostelería y restauración, porque un cliente puede preguntar:
«Este plato lleva avena. Soy celíaco, ¿puedo tomarlo?»
La respuesta no puede depender simplemente de que lleve avena o no. Hay que saber qué avena se ha utilizado.
También es importante para quienes trabajan en empresas alimentarias y reciben avena como materia prima. Una avena convencional y una avena destinada a elaborar productos sin gluten deben estar perfectamente identificadas.
Y, por supuesto, para quienes seleccionan y homologan proveedores: si se compra avena «sin gluten», hay que asegurarse de que el proveedor controla adecuadamente esa posible contaminación.
¿Conocías esta curiosidad?
