Este mes cumplo 21 años trabajando por mi cuenta.
Y la cifra me hizo pensar en dos ideas que hemos escuchado muchas veces: que hacen falta 21 días para crear un hábito y 10.000 horas para convertirse en experto.
Aunque ninguna de las dos funciona exactamente así ambas me llevan a una pregunta que me parece mucho más interesante:
¿𝐐𝐮𝐞́ 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐬 𝐜𝐨𝐧 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐞𝐬𝐞 𝐭𝐢𝐞𝐦𝐩𝐨?
Acumular años no garantiza acumular aprendizaje.
Puedes trabajar durante 20 años y seguir resolviendo los problemas prácticamente igual que el primero.
O puedes utilizar cada proyecto, cada error, cada empresa y cada dificultad para ampliar tu forma de entender las cosas.
Cuando empecé a trabajar por mi cuenta tenía 34 años, siete de experiencia profesional y una formación fundamentalmente técnica. Era veterinaria.
Después tuve que aprender otra profesión que no figuraba en ningún título:
la de entender una empresa, la mía y la de mis clientes.
Aprender de costes, rentabilidad, procesos, planificación, organización, estrategia, mejora continua, proyectos, cadena de suministro, liderazgo y conflictos.
Y, probablemente lo más difícil, aprender a trabajar con PERSONAS.
Parte de ese conocimiento llegó a través de formación.
Pero la verdadera escuela fueron las empresas.
Entrar en organizaciones diferentes.
Entender qué estaba pasando.
Encontrar la mejor solución
Implantarla y ajustarla
Y hacer todo eso en empresas de tamaños, actividades y situaciones muy distintas.
Con el tiempo empiezas a reconocer patrones.
Cambian los productos, las instalaciones, las personas y las cifras, pero algunos problemas se parecen mucho:
→ Gerentes que terminan convirtiéndose en el principal punto de decisión de la empresa.
→ Producciones que funcionan permanentemente en modo urgencia.
→ Planificaciones que existen sobre el papel, pero no gobiernan realmente la operativa.
→ Información crítica que sigue estando en la cabeza de determinadas personas.
→ Costes que se calculan, pero que apenas ayudan a tomar decisiones.
→ Departamentos que funcionan razonablemente bien por separado y bastante peor cuando tienen que coordinarse.
→ Empresas rentables que, aun funcionando, podrían hacerlo de una manera mucho más sencilla y eficiente.
No es que después de muchos años aparezca una bola de cristal.
Lo que aparece es Criterio.
La capacidad de reconocer antes un problema, distinguir lo importante de lo accesorio y saber que una herramienta que funcionó en una empresa puede ser completamente inútil en otra.
Quizá eso sea para mí la experiencia.
Más interesante que acumular años u horas es preguntarse:
¿𝐐𝐮𝐞́ 𝐡𝐚𝐬 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐢𝐝𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐨𝐲 𝐭𝐞 𝐩𝐞𝐫𝐦𝐢𝐭𝐞 𝐯𝐞𝐫, 𝐝𝐞𝐜𝐢𝐝𝐢𝐫 𝐨 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫 𝐚𝐪𝐮𝐞𝐥𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐚𝐜𝐞 𝐮𝐧𝐨𝐬 𝐚𝐧̃𝐨𝐬 𝐧𝐨 𝐡𝐚𝐛𝐫𝐢́𝐚𝐬 𝐬𝐚𝐛𝐢𝐝𝐨 𝐫𝐞𝐬𝐨𝐥𝐯𝐞𝐫?
En mi caso, quiero pensar que estos 21 años no han sido el mismo año repetido 21 veces.
