Cuando un empresario anuncia que su empresa ha crecido un 20 %, lo habitual es felicitarlo.
Pero ¿qué ha crecido exactamente?
¿La facturación? ¿Los beneficios? ¿La plantilla? ¿La capacidad productiva? ¿El número de clientes?
¿O quizá las preocupaciones del propietario?
Aún hoy asociamos el crecimiento empresarial al aumento de tamaño o al de facturación.
Aparentemente ambas cosas son buenas pero no siempre son motivo de felicitación.
A medida que aumenta el tamaño aumenta la complejidad ya que hay
más clientes con sus propias exigencias
más referencias que hay que planificar
más personas que liderar
más recursos que gestionar
Y por otro lado, más facturación no significa automáticamente más beneficio, incluso puede suceder lo contrario: ahora facturas más pero ganas menos.
Crecer en tamaño sin desarrollar la capacidad para gestionar esa complejidad puede terminar debilitando a la empresa.
Seguro que conoces la una expresión que utilizaría un padre en el momento de reencuentro con su hijo rebelde al que no ve desde hace muchos años y al advertir que ha cambiado:
“¡Cómo has crecido!”
Y ese hijo no había crecido ni un centímetro de altura!!!
Utilizamos esta expresión para indicar que la persona ha madurado, ha adquirido criterio, autonomía y capacidad para afrontar situaciones que antes les superaban.
¿Por qué no utilizamos ese mismo concepto cuando hablamos de empresas?
Una empresa también puede crecer sin aumentar su tamaño.
Puede aprender a producir más con los mismos recursos, reducir errores que antes consideraba inevitables, dejar de depender de personas clave o lograr tener equipos auto gestionados.
Y con todo ello puede mejorar sus márgenes, reducir su endeudamiento, consolidar una clientela rentable y tener más garantías de continuidad.
¿Acaso no es esto crecimiento empresarial?
No se trata de cuestionar las ventajas de aumentar de tamaño. Las tiene, y muchas.
Se trata de reconocer que existen distintas formas de crecer y que no todas se reflejan en la cifra de facturación o de tamaño.
Una empresa puede crecer sin aumentar su tamaño. Y también puede aumentar su tamaño sin haber crecido en madurez, autonomía o capacidad de gestión.
A menudo, las empresas tienen más posibilidades de crecimiento dentro de su propia organización de las que imaginan.
Mi trabajo consiste en identificar y aprovechar ese potencial para conseguir más productividad y rentabilidad, sin necesidad de ampliar instalaciones, aumentar plantilla o incrementar facturación . Y ya lo tengo bastante contrastado.
Y tú, cuando piensas en el crecimiento de tu empresa, ¿qué consideras más importante: aumentar su tamaño o desarrollar su capacidad para funcionar de manera más autónoma, eficiente y rentable?

