El diagnóstico técnico que evitó seguir por el camino equivocado

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RELATO DE EMPRESA REAL

“¡Pero mira que eres tontiña!”

Eso es probablemente lo que me diría mi madre si le contara que he renunciado a un encargo de varios miles de euros que es casi la misma cantidad que se la ha ahorrado una empresaria ya que finalmente solo invirtió  menos del 4,5 % de dicho encargo.

Hay decisiones de negocio que, vistas desde fuera, parecen poco inteligentes. Y más en un momento en el que da la impresión de que solo importan la facturación inmediata, el corto plazo y el propio ombligo.

Ya me dirás si mi decisión fue inteligente o no.

Hace poco, una empresaria contactó conmigo porque estaba poniendo en marcha una nueva línea de negocio. Llegó con una necesidad aparentemente concreta: quería ayuda en una fase final del proyecto. Ella estaba segura de que lo importante ya estaba pensado y tramitado, y que solo faltaba rematar el proceso.

Hasta ahí, todo podía parecer normal.

Pero en cuanto empecé a pedirle información, vi que algo no encajaba.

Detrás de esa petición final había demasiadas cosas sin definir. No estaba claro el encaje real del nuevo proyecto dentro de la normativa sanitaria, en concreto en lo relativo al registro sanitario.

Me enseñó un formulario que le había facilitado su gestoría para cubrir, y ahí tuve la primera señal de que el camino elegido no era el adecuado.

Después supe que también había consultado con Sanidad cómo debía tramitarlo, pero la respuesta que había recibido tampoco encajaba bien con lo que realmente quería hacer. Probablemente no por mala fe de nadie, sino porque no siempre es fácil explicar un proyecto con el nivel de detalle y precisión que exige la normativa.

En realidad, estaban intentando avanzar por una vía que no era la más adecuada y que, muy probablemente, ni siquiera habría prosperado tal y como estaba planteada.

Por mi experiencia esta situación es bastante habitual. Cuando alguien arranca un proyecto nuevo, muchas decisiones se toman a partir de fragmentos de información: lo que ha oído, lo que ha leído en internet, lo que interpreta al hablar con Sanidad, lo que le comenta la gestoría o lo que le aconseja alguien cercano.

El problema es que, cuando se trata de consultoría alimentaria técnica y legal, como es el caso de la que se refiere al registro sanitario, trabajar con piezas sueltas suele salir caro.

En ese momento yo tenía dos opciones.

La primera era aceptar el encargo tal y como venía. Desde el punto de vista económico, era una opción atractiva.

La segunda era proponerle una sesión de diagnóstico para poner claridad en lo que quería hacer y en todo lo que ya había puesto en marcha. El coste de esa sesión representaba menos del 4,5 % de lo que le habría costado el encargo inicial por el que había contactado conmigo.

Decidí animarle a que escogiese la segunda. Y así lo hizo lo cual resultó muy inteligente por su parte

En la sesión de diagnóstico vimos que su idea de negocio tenía sentido, pero también que la forma en la que la estaba intentando construir no era la más adecuada. Había una alternativa más sencilla, menos burocrática y mucho más económica.

Muchísimo más.

Cuando se lo expliqué, le costó creerlo. Y es normal.

Cuando una persona lleva tiempo empujando un proyecto, haciendo llamadas, rellenando papeles, hablando con proveedores y tratando de avanzar, cuesta asumir que el problema no es que falte un trámite más, sino que todo necesita recolocarse desde el principio.

¿El resultado final?

Lo analizó con su socio. Habló con la gestoría y con otros proveedores para ver cómo deshacer lo que ya habían avanzado. Finalmente, optó por la vía que le sugerí. Se ahorró dinero, sí, pero sobre todo se ahorró muchos dolores de cabeza y retraso de el comienzo de la actividad.

Lamentablemente, es una historia que he escuchado muchas veces, casi siempre a toro pasado. Empresarios que me cuentan la odisea que han vivido “al pedir el registro sanitario”. Y, en la mayoría de los casos, por la misma razón: no haberse apoyado desde el principio en profesionales honestos que les ofrecieran un asesoramiento riguroso y bien enfocado.

¿Tú qué habrías hecho en mi lugar: ¿aceptar el encargo inicial o proponer una solución más pequeña, pero más adecuada?

 

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Esther Vazquez | Interim Manager Consultoría Alimentaria
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