Hoy, 8 de marzo, cumplo 55 años.
Rara vez he querido salirme del contenido habitual para compartir una reflexión más personal. Esta es una ocasión.
Con los años he confirmado algo importante:
«hay cosas que no aparecen en un currículum y que, sin embargo, son decisivas a la hora de confiar en una persona»
A los 55, una ya no necesita aparentar ni falsa modestia. Mi vida la llevo con criterio y coherencia antes que con pose.
Llego a esta edad con la sensación de haber cumplido los sueños de juventud y con la tranquilidad de tener nuevos sueños, al fin y al cabo, son el motor de mi vida.
Podría centrarme en lo que me falta o en lo que no fue. Pero sinceramente, hoy no me sale hacerlo así. Tengo demasiados motivos para sentirme agradecida y bendecida.
Me siento afortunada por muchas razones
-por haber nacido en una época y en un entorno que me dieron oportunidades; por haber tenido una madre valiente y sabia;
-por haber vivido y trabajado fuera de España y de mi ciudad;
-por haber conocido otras culturas y otras formas de entender la vida y el trabajo;
-por haber sido trabajadora por cuenta ajena y de llevar ya más de veinte años liderando mi propio proyecto empresarial;
-por haber hecho voluntariado;
-por haber podido cuidar de mi madre durante años y seguir velando por ella; -por haber aportado alivio, orden o claridad a personas que lo necesitaban, tanto en lo personal como en lo profesional;
-y por haberme encontrado en el camino a personas buenas que dejan huella ( mis ángeles).
También llego a esta edad con aprendizajes que no se estudian en ningún máster. He aprendido
✅que muchas cosas llegan cuando tienen que llegar
✅a reconocer mis errores, mis prejuicios y mis excesos de franqueza lo que ✅me permitió poder corregirlos
✅a que ir contracorriente no siempre es un problema, a veces es una señal de criterio propio y fortaleza
Profesionalmente también me considero afortunada. He trabajado en entornos exigentes, muy masculinizados y con culturas diversas de los que me llevo la confirmación de que la solidez personal y profesional está por encima del género.
De niña quería cambiar el mundo. Hoy pienso lo mismo pero con otro enfoque: me centro en mejorar lo que tengo cerca: yo misma.
Me siento afortunada por los halagos recibidos, dos muy especiales.
En el plano profesional un inspector jefe me definió como una persona “entusiasta”( concepto que no habla solo de energía, sino de implicación, de convicción, de manera de estar).
En el plano personal un vecino que me vio crecer me dijo :“ Esther, tú tienes la cabeza muy bien amueblada” (uno de los mejores elogios que se le pueden hacer a alguien)
Durante mucho tiempo fui “esa chica que siempre andaba a prisa”.
Hoy sigo siendo ágil, pero he elegido bajar un poco el ritmo. No porque haya dejado de querer aprender sino porque estoy en otra etapa con otras prioridades.
Cumplir 55 no me hace sentir mayor. Me hace sentir más yo.


